Sentencia histórica: El «Like» ya tiene precio legal en el proceso de divorcio

Lo que comenzó como un simple clic en una pantalla ha terminado en una sentencia sin precedentes. Un tribunal en Turquía ha marcado un antes y un después en el derecho de familia al dictaminar que las interacciones constantes en redes sociales —específicamente los «me gusta»— pueden ser interpretadas legalmente como una forma de infidelidad y abandono emocional, suficientes para disolver un matrimonio.

El caso HB vs. SB: Cuando el algoritmo rompe el lazo

La demanda fue interpuesta por una mujer (identificada como HB), quien presentó como prueba principal la actividad digital de su esposo (SB). El tribunal no solo aceptó estas pruebas, sino que determinó que la interacción frecuente de SB con fotos de otras mujeres constituía una «humillación pública» para su cónyuge.

Los puntos clave del fallo:

  • La traición digital: Aunque no existió contacto físico, el tribunal calificó los «likes» y comentarios como una traición a la confianza conyugal.
  • Abandono emocional: Las autoridades determinaron que el tiempo y la atención desviados hacia estas interacciones digitales generan efectos devastadores en la estabilidad del hogar.
  • La defensa de la «Celopatía»: El esposo alegó que su mujer sufría de una obsesión por el control digital, pero la corte desestimó el argumento, priorizando el impacto de las evidencias digitales.
Un divorcio de 80.000 liras

La sentencia no fue meramente simbólica. El tribunal impuso sanciones económicas directas contra el esposo:

  1. Indemnización por daños morales: 80,000 liras turcas.
  2. Pensión alimenticia mensual: 750 liras turcas.

El fin de la privacidad absoluta en redes

Este precedente legal abre un debate global sobre la privacidad digital frente a las obligaciones matrimoniales. Los expertos advierten que este fallo envía un mensaje claro: las interacciones en redes sociales ya no son consideradas «conductas inofensivas», sino pruebas tan sólidas como cualquier evidencia física en un juicio.

«La fidelidad ya no se mide solo en presencias, sino en interacciones», sugieren analistas legales tras conocerse el veredicto.

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